La arepa.
Parte
VI
·
Recopilación
de su información como elemento histórico tradicional de Venezuela y
Latinoamérica.
·
Elaborada
con harina de maíz pilado y pulverizada, agua y sal.
·
El
segundo sábado de septiembre, cada año, es la fiesta mundial de la arepa. Ocurre
así desde el año 2013; tan sólo hace tres años, pero se está probando el
reconocimiento a nivel mundial de nuestra gastronomía venezolana.
Fragmentos:
LA AREPA
CRIOLLA
(Por
Ramón David León)
Dos cosas dijo Ramón David acerca de la arepa: que
es de origen indígena y que es predominantemente democrática. En este orden, primero,
asoma la posibilidad de que la palabra arepa se derive de la voz indígena aripo,
o plancha redonda de barro sobre la cual se cocinó en tiempos pre-hispánicos. Para
él no había dudas del abolengo y la estirpe que poseía la arepa como hija
indiscutible del maíz, cereal autóctono de nuestro continente.
Segundo, Ramón David León escribió sobre la arepa hacia
mediados del siglo XX; en plena dictadura del General Marco Pérez Jiménez. Dijo
que era inminentemente democrática pues no faltaba en la mesa del pobre y
tampoco en la del rico, a pesar de la resistencia de estos últimos para aceptarla
debido a sus propios prejuicios de élite en contra del maíz.
Si este encumbrado periodista viviera ya habría escrito
sobre lo que sucede a la arepa en estos días. Un suceso hasta cierto punto contradictorio:
por un lado el régimen que nos ocupa, con erradas políticas económicas y
sociales, ha provocado la escasez de la arepa en la mesa de casi todos los hogares
venezolanos: pobres y no pobres, ricos y no ricos. Un acontecimiento sin precedente
en nuestra historia porque ningún orden dominante del pasado, planificó destruir
la producción de alimentos básicos como el maíz, y éste parece hacerlo de forma
premeditada. Ni siquiera en tiempos de conquista y colonización, cuando el
europeo quiso imponer el trigo como alimento básico dominante, se logró
desaparecer la arepa de la mesa de las mayorías. Por el contrario el maíz
resistió, dominó y continuó siendo el alimento de los nuevos pobladores de
nuestro continente. Por otro lado, y por causa de este mismo régimen, los
venezolanos que se han ido hacia otras latitudes, han convertido a la arepa en
su medio de subsistencia logrando así hacerla popular y famosa en el mundo
entero, a tal punto que, hoy por hoy, tenemos un día en el que se celebra
mundialmente a la arepa. Entonces, Ramón David León estaría triste de ver que
el carácter democrático que el vio en la arepa ha sido destruido por políticos
corruptos y traidores de nuestra identidad y gentilicio, pero tal vez, en alguna
parte de su ser venezolano estaría feliz de ver cómo nuestra arepa indígena alcanza
fama mundial, pese a una realidad calamitosa. Después de todo por allí dicen
que de una cosa buena puede surgir una mala y de una cosa mala puede surgir una
buena. Y así estamos.
Los dejo con Ramón David León, espero lo disfruten.
«Como
el casabe, con el que comparte inmensa popularidad, la arepa es netamente
indígena. Los indios, para confeccionarla, machacaban el maíz, previamente
remojado, entre dos piedras, y extendían luego pequeños discos de masa sobre
redondas planchas de arcillas caldeadas al fuego. Se alude al “aripo”,
igualmente llamado “budare”, artefacto primitivo que da nombre al producto ». El
maíz es el don vegetal más valioso que le haya concedido la Naturaleza al Nuevo
Mundo. De él salen las arepas. Las hay blancas y amarillas, según el color del
munífico grano. En Venezuela la arepa es un género unánimemente nacional,
aunque no se consuma en la misma proporción intensa en todas nuestras regiones.
La
arepa, como el papelón, es eminentemente democrática. No falta en la comida del
pobre, y, sin hacer mayores esfuerzos, ha logrado conquistar las clases
pudientes. Se trata mano a mano con el rico, sin trepadorismos ni sacrificios
de amor propio. Posee valor específico. Jamás ha renegado de su abolengo
indígena. Sabe que tiene estirpe. Convertida en “tostada” les enseña
burlonamente la lengua a ciertos criollos candorosos cuando los escucha hablar
de antepasados peninsulares fabricados a la medida. Ella, en cambio, conoce la
limpieza genealógica de su origen; es hija legítima del maíz.
La
arepa, como la hallaca, es otro producto culinario nativo que hace suspirar
melancólicamente a los venezolanos cuando se encuentran fuera del recinto
nacional. Entonces se la sueña embadurnada de mantequilla, se la recuerda de
queso, se la piensa de chicharrón, se la añora con pescado frito o se la evoca
con chorizos o carne a la parrilla… ¡Y siempre caliente!... Pese a sus claros
blasones autóctonos, el democratismo criollo de la arepa no rechaza ninguna
camaradería. Blanca o amarilla, sobre pulcros manteles o haciendo acto de
presencia en mesones o mostradores de sospechosa limpieza, trata con igual
fraternidad al descendiente del español que al negro o al indio. Bajo el mismo
pie cordial hace amistad estrecha con los inmigrantes. Está íntimamente
impuesta de que si vence es porque convence…» [1]
[1] RAMÓN DAVID LEÓN, Geografía
Gastronómica Venezolana, Reproducciones INCE, Caracas, Año 1972, Caracas,
Pp. 9-10
Comentarios