domingo, julio 03, 2016

Pumalaca





La pumalaca.

            Un amigo me dio un escrito valioso, apreciable como una piedrita preciosa: hace que sepa más sobre frutos que se adaptaron en nuestro territorio. Se llama Winsdian Albarrán, es estudiante de Historia en la Universidad de Los Andes, un hermano gocho, que por la manera de escribir y lo que ya sabe, es adorador del intelecto humano y amante de nuestra tierra.
            El escrito es sobre el árbol que da la pumalaca, como la llamamos en Guayana. En lengua española tiene muchos nombres: pomalaca, pomagas, pomagá, pumagas, pumagasa; pomarosa, pomarrosa; manzana rosa, manzana pedorra, yambo o manzanas de agua, manzana malaya; pomo, cajuíl rojo, jocota, , marañón japonés o marañón curazao; jambo amarillo.  Su nombre científico, Syzygium malaccense, indica su tierra nativa: Malaca o Malaya, península situada al oeste de Malasia, de donde se dice que proviene la especie.
            Ahora los dejo con el escrito de Winsdian:

A saber sobre las pumarosas o pomarrosas…

Es interesante como este fruto nativo de las Indias Orientales llega a subsistir y propagarse al punto de considerarse –para la mayoría de la población-, oriundo en estas tierras. Si les interesa algo de historia sobre esta “dulce manzana de rosas”, les comento:

De lo poco que se sabe sobre este fruto y su historia en el continente americano, es que es traído al mismo directamente desde las colonias portuguesas en la India (Estado Portugués de la India), específicamente desde Cochín, lugar residencial del primer virrey portugués de estos dominios: Francisco de Almeida (también conocido como Don Francisco el Grande) a mediados del siglo XVI. Pocos árboles de pumarosas o pomarrosas llegarían y serían sembrados en el Brasil portugués, sin embargo, estos crecieron fuertes y se reprodujeron rápidamente debido a las características climáticas favorables del nuevo territorio.

Se pueden elucubrar dos teorías –ambas muy posibles- sobre la llegada de este exótico fruto a las tierras venezolanas. Una de ellas, que podríamos llamarla “la llegada temprana”, se justifica en los intercambios comerciales de ultramar breves pero variados, que se dieron en un momento histórico de “comercio libre entre colonias extranjeras” antes de la creación de la Compañía Guipuzcoana de Caracas, comercio que detentaba una fuga considerable de beneficios a la corona española, a través de la venta e intercambio comercial de mercancías entre navíos que se movían por el Atlántico rumbo a puertos europeos. Entre estos, los más cercanos, eran los portugueses, quienes llevaban al Brasil, distintas semillas y plantas germinadas con la intención de sustentar y fortalecer el sistema colonial ya establecido desde 1500 y que representaba para Europa una potencia en cuanto a la producción de plantas con utilidad como el árbol de Brasil y sus beneficios para teñir.

La otra perspectiva, la cual podríamos denominar “la llegada tardía”, se relaciona también al intercambio comercial, esta vez conforme a estipulaciones más formales en las cuales, ya delimitados los dominios territoriales en América, por parte de España y Portugal, se generan una serie de tratados comerciales  incipientes en el siglo XVIII en los cuales el intercambio de especies vegetales era bastante común con Brasil, puesto que la expansión agraria era un fundamento en común entre ambas colonias. No obstante existe una contradicción; en pleno siglo XIX, en el momento justo en que el fruto de la pumarosa o pomarrosa cobró fama en las clases acaudaladas de la nueva América y terminó por extenderse por los políticamente turbulentos territorios del continente, la América republicana no compartía el pensamiento imperial del Brasil monárquico, por lo cual, dudo mucho que las relaciones comerciales entre ambas naciones fuese del todo rica y fluida.

De cualquier manera, en 1825, ocho árboles jóvenes fueron llevados desde Río de Janeiro a Hawaii por barco, y, en 1853, un buque de guerra de Estados Unidos entregó árboles de aguacate y pomarrosa de América Central a la isla de Hilo. La manzana de rosa -como se llamó en estas islas-, se naturalizó en las islas de Kauai, Molokai, Oahu, Maui y Hawai., y fue tan rápida su expansión que 1893, se informó que ya se cultivaba en Ghana (de la mano a la expansión imperial portuguesa). Posteriormente es semi-naturalizado en algunas zonas del oeste de África tropical y en las islas Zanzíbar, Pemba y Reunión. Se cree que se plantó por primera vez en Queensland, Australia, alrededor de 1896. Se supo que un árbol obtenido de un vivero de Italia creció y se ha fructificado en la planicie costera de Israel desde no hace mucho tiempo. Sin embargo, en estas lejanías no es de interés como árbol frutal, sino más bien como planta ornamental.

Si bien se desconoce la llegada oficial de la “manzana de rosa” al territorio venezolano, con una subjetiva relación temporal y una objetiva relación espacial, podemos aseverar que el gusto por los sabores nuevos no cesa ni se arraiga a las coyunturas históricas: de alguna manera traspasa las barreras del tiempo, se filtra por las diferencias políticas y se solidifica en la cotidianidad de las sociedades; Así da la vuelta al mundo esta pequeña y rica frutita.

(Winsdian Albarrán, Estudiante de Historia; Universidad de Los Andes)

Otras fuentes afirman que llegó a Jamaica en 1.762, y se propagó por las Bermudas, las Bahamas, las Antillas y por el sur de México llegó hasta Perú.

»Su presencia en Venezuela data del año 1849 en el litoral central, y se conoce que para 1875 se había extendido hasta el estado Apure. Hoy se encuentra en casi todo el país, y es frecuente en regiones de climas húmedos cerca de los ríos«.  Al respecto, les recomiendo la siguiente lectura: https://www.flickr.com/photos/barloventomagico/2715037436/

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