Pienso en la política porque me atraviesa


(MCM, Trump y el ciudadano que sostiene el mundo)


Me atraviesa incluso aquí, en Carrión de los Condes, donde la vida es tranquila y el Camino de Santiago pasa como una arteria humana: peregrinos cruzando de un lado a otro, buscando transparencia.

Yo también busco transparencia. En lo que digo, en lo que hago, en lo que espero del mundo.


A veces la historia llega a ser escandalosa: el poder termina justificando la violencia —o el uso de la fuerza— como si la eficacia fuese razón suficiente. Pero otra cosa distinta es la justicia.


Cuando el entorno amenaza al ciudadano por varios flancos, el ciudadano debe actuar rápido: exigir su derecho, defenderse, no dejarse aplastar. Y ya no hablo de una moral pura, de vitrina, de sermón. Hablo de moral práctica: yo trabajo, yo produzco, yo sostengo un sistema. Con el dinero que genero y con los impuestos que pago se sostiene el funcionamiento de muchas estructuras, incluso de quienes piensan distinto a mí.


Porque el ciudadano no es una pieza del tablero: es la base.


En ese sentido, esto debería estar más que acordado:

si el ciudadano sostiene el contrato social, el contrato social debe sostener al ciudadano. Eso es civilización: límite al fanatismo, pacto social, convivencia, un mínimo de confianza en la palabra del otro. Incluso la fe —la fe auténtica— se sostiene en eso: paciencia, aguante, confianza.


Desde ese lugar miro lo que ocurre en Venezuela.


Y desde ese lugar miro un hecho que ha generado ruido: María Corina Machado entregó a Donald Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz 2025.


Lo primero que quiero dejar claro es algo objetivo: el Nobel no se transfiere. Lo que se entregó fue la medalla física, el símbolo. Y esa precisión importa, porque cambia la lectura: no es un traspaso, es un movimiento político.


Muchos reaccionaron con insultos o moralismos rápidos.

Yo prefiero mirarlo con la calma del ciudadano que intenta comprender.


Venezuela lleva décadas demostrando algo doloroso:


Las dictaduras modernas no caen con discursos.

No caen con denuncias.

No caen con vergüenza.


Caen cuando se rompe el equilibrio de poder que las sostiene: dinero, armas, chantaje, control institucional, alianzas.


Por eso María Corina Machado ha sostenido siempre una idea incómoda, pero realista: sin fuerza externa real no hay transición posible. El régimen se blindó por dentro; el quiebre decisivo casi siempre viene por presión externa que haga insostenible la permanencia del sistema.


Entonces ocurre la escena:


La medalla deja de ser medalla.

Se vuelve palanca.


Porque hay actores políticos que se mueven menos por ética y más por interés, victoria, escena, trofeo. Trump es uno de esos actores. Y, en ese contexto, el gesto puede interpretarse como una operación para amarrarlo al caso venezolano: volverlo un asunto suyo, una responsabilidad narrativa suya, hacer que el costo de retirarse sea alto.


No es romanticismo. Es estrategia.


Y el debate serio no es la foto, ni el escándalo superficial.

El debate serio es éste:


¿quién usa a quién?


¿María Corina está usando ese poder como instrumento para liberar a Venezuela?

¿O ese poder está usando a Venezuela como decorado para su propio relato?


Eso sólo lo dirán los hechos: presión real, acciones reales, resultados reales.


Cierro como empecé: como ciudadano.


El ciudadano tiene derecho a pensar, a exigir, a defenderse. No desde la arrogancia, sino desde la conciencia. Porque quien trabaja y sostiene la vida cotidiana sostiene también el derecho a vivir en paz.


Tres frases para no olvidar


El régimen no cae por vergüenza: cae por fuerza.


La libertad no se mendiga: se conquista.


Si un símbolo abre una puerta, entonces el símbolo no se guarda: se usa.



Comentarios

Lin ha dicho que…
Nada más real, excelente. Gracias por compartir!
Arnaldo García¨Pérez ha dicho que…
Excelente narrativa mi amigo. Lo comparto plenamente. Un abrazo.